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31 Mai 2020

Clotario Blest. Chile, †1990

Profeta cristiano en el mundo sindical chileno. 


NACIDO EN LAS LUCHAS POLÍTICAS

Clotario Leopoldo Blest Riffo había nacido en Santiago, el 17 de noviembre de 1899, dentro del matrimonio compuesto por el militar Ricardo Blest Ugarte, fallecido cuando era un niño, y la profesora de enseñanza primaria Leopoldina Riffo Bustos.
Sin su padre las necesidades económicas lo obligaron a tener que salir a rogar ayuda con su madre, puerta a puerta, por los barrios de vecinos más pudientes de la ciudad. Contó en una ocasión, además, cómo el director de un colegio lo puso al frente de la sala exponiéndolo a la burla, por llevar zapatos rotos en clases. Sin embargo, fue allí que dio sus primeros pasos en el mundo de la actividad política, durante sus estudios en la enseñanza pública, cuando con sólo 13 años se unió a la mesa directiva de una asociación de profesores primarios.
Las humanidades las realizó en el Seminario de los Ángeles Custodios de Santiago, gracias a una beca que le consiguieron miembros de su familia, logrando el grado de bachiller al dar sus exámenes en la Universidad de Chile. Bajo la instrucción religiosa, fue muy influido por el pensamiento de sacerdotes de gran sentido social, como José María Caro y Fernando Vives Solar, que hacían clases en el Seminario.
Blest estudió teología en Concepción y La Serena, pero su carácter rebelde y su mentalidad libertaria estaban alejadas de la formación religiosa y de las jerarquías, renunciando a ella y regresando a Santiago. También había estudiado química y filosofía, pasando brevemente por la Universidad Católica.
Hacia 1920, se integró al círculo de estudios "El Surco", del sacerdote Guillermo Viviani Contreras e impulsora de medidas relacionadas con la doctrina social de la Iglesia. Profundamente involucrado en las actividades del sindicalismo católico y en el pensamiento de Recabarren, fundador del Partido Comunista, a cuyas charlas asistió en este período, Blest comenzó a involucrarse velozmente en las cuestiones de la política, los cuerpos organizados y las dirigencias de los trabajadores, aunque siempre distante de los partidos.
A pesar de los castigos injustos que le dio la vida, seguía siendo muy creyente, como si la toma de hábitos religiosos que pensó en su juventud hubiese quedado siempre postergada. Actuó comprometidamente en la llamada Casa del Pueblo, que había sido fundada en 1917 para acoger a los sindicalistas cristianos.
En 1927, fue elegido presidente de la Unión de Centros de la Juventud Católica. Poco después, dejó "El Surco" para fundar su grupo llamado "Germen", quizás ya más cercano a la teología de la liberación que a la inspiración directa de la encíclica Rerum Novarum. Coincidentemente, además, había comenzado a trabajar en el empleo público, como funcionario de la Tesorería General de la República, a partir de 1922, y como Tesorero Comunal de Providencia, desde 1929.
En 1931, ayudó a fundar la Liga Social de Chile junto al jesuita Vives Solar, quien fuera influencia para el Padre Alberto Hurtado, hoy santo, y un activo miembro del Patronato de Santa Filomena, la misma que tanto motivara a Fray Andresito. 
Dos años después, en la revista "Germen" de agosto de 1933, escribía Blest criticando al mercantilismo, que veía como una amenaza cerniéndose sobre la realidad planetaria:
"Judas ingresó al sacerdocio por negocio. Siguió al Maestro por cálculo, entendiendo enriquecerse y llegar a ser un gran señor cuando el Mesías dominase como Rey en Israel. ¡Cuántas vocaciones religiosas se parecen a la de Judas!
Varias veces el Maestro quiso iluminarlo con su gracia y salvarlo. Pero Judas fue un derrochador de la gracia de Dios, adorador del Becerro de Oro, tenía su alma puesta en él".
En febrero de 1938, al regresar a la capital, fundó la Asociación Deportiva de Instituciones Públicas (ADIP), como una forma de evitar las restricciones a formación de cuerpos sindicales, especialmente en la administración pública. Ese mismo año fue testigo de las cruentas luchas políticas, de las controvertidas campañas electorales y de la sangrienta Masacre del Seguro Obrero, que marcó a toda aquella generación de dirigentes sociales.
Usando por base la ADIP, en 1943 fundó la Federación de Trabajadores del Estado, que pasó a ser la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF).
En 1950, fue invitado al Comité Nacional de Partidarios de la Paz en Chile, donde participaron también Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Ésta fue una de sus primeras experiencias en instancias más internacionales de lucha política. Dos años después, se integra como secretario general a una comisión que buscaba unificar las organizaciones de trabajadores del país, participando en el congreso realizado en febrero de 1953.
Posteriormente, Blest será uno de los principales creadores de la Central Única de Trabajadores (CUT) y será elegido su presidente en el Congreso de Fundación, ese mismo año de 1953. Entre sus principios, el organismo proclamaba:
"La Central Única de Trabajadores realizará una acción reivindicacionista encuadrada dentro de los principios y métodos de la lucha de clases, conservando su plena independencia de todos los gobiernos y sectarismos político partidistas. Sin embargo, la Central Única de Trabajadores no es una central apolítica: por el contrario, representando la conjunción de todos los sectores de la masa trabajadora, su acción emancipadora la desarrollará por sobre los partidos políticos, a fin de mantener su cohesión orgánica".
En 1955, tras haber estado preso un tiempo y organizando huelgas contra el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, fue nombrado miembro del Consejo Mundial por la Asamblea Mundial de la Paz, dando una proporción de la importancia que se había ganado en aquel momento el dirigente. Sin embargo, acabó relegado en Molina, tras las huelgas y paros de 1956.

Fragmento do texto elaborado por Criss Salazar en https://urbatorium.blogspot.com/2018/05/clotario-blest-el-hombre-nacido-para-el.html

   

“No tuvo miedo a los últimos lugares y así ocupó los primeros con humildad reconocida”, recordó un sacerdote católico en los funerales del dirigente sindical chileno Clotario Blest en mayo de 1990.

El principal recuerdo que se compartía en esos momentos es que una de las figuras insignes en la lucha por los derechos laborales en el país, asume sus orígenes de pobreza como un permanente motor solidario.

Una comprometida lucha por la “redención del pueblo” -como le llamaba al proceso que implicaba educar a los pobres y sumarlos a un trabajo digno- le vale sufrir persecuciones, relegamientos y muchas veces la cárcel.

Ligado a la causa obrera desde una perspectiva social cristiana, ambos mundos logran expresarse muy cerca de él. Junto a su compañera sentimental Teresa Ossandón participan activamente en la Unión de Centros de la Juventud Católica. Ella al poco tiempo decide el camino vocacional religioso e ingresa al convento de las carmelitas. Blest la apoya y le acompaña en su proceso. Sin embargo, al poco tiempo ella enferma y muere. Ambos se comprometen a permanecer solteros, algo que él mantiene hasta el día de su muerte, en mayo de 1990.

Blest profundiza la causa de los trabajadores como una lucha espiritual, pues considera que allí se concentra la mayor injusticia del país. Sin conciencia de su situación en el mundo, los pobres deben optar por una mejora en sus vidas. Y eso implica educación, trabajo, vivienda, conquistas sociales que enriquezcan también su vida interior. Descree de la riqueza, de los excesos de la comodidad económica, porque las siente como el origen del vacío espiritual e intelectual.
Blest se muestra como un luchador social inquebrantable, de sólidos valores, capaz de predicar con el ejemplo y con la valentía de enfrentarse –sin armas, siempre con ideas- ante cualquier poder.

Por eso mismo, desde sus tempranas luchas juveniles hasta la dictadura de Pinochet no hay gobierno que no le interponga recursos judiciales o amedrentamientos. Clotario Best recuerda dos especiales ocurridas en los años 50 y 60. Una, se relacionaba con Carlos Ibáñez del Campo. Siendo presidente lo relega a Molina. Cumplida la pena, la CUT se debe reunir con el mandatario y Blest forma parte de la comitiva. En ese contexto, se da un diálogo más o menos así:

Ibáñez: ¿Cómo le fue en sus vacaciones?

Blest: ¿Cómo que vacaciones? ¡Estuve relegado!

Ibáñez: Ah, yo lo mandé a Molina porque ahí están los mejores vinos, pues…

La otra historia es con Arturo Alessandri, quien fue más duro con el dirigente: lo envió a la zona más peligrosa de la Cárcel Pública. “Llena de cogoteros”, recuerda él mismo en sus memorias. Sin embargo, si los más oscuros personajes del poder esperaban que Clotario Best no saliera vivo de ahí, se quedaron esperando. Los hampones generaron todo un sistema en el que Blest fue considerado una visita gratísima y lo atendieron con gran cordialidad. Una vez cumplida la pena del sindicalista, el delincuente con más “peso” al interior de la zona le dijo: “Usted nos ha enseñado que todos somos hermanos, por eso lo hemos tratado así”.

Sin duda, el tiempo más duro, el más complejo y el más riesgoso para el dirigente es en la dictadura cívico-militar que se impone en Chile desde septiembre de 1973. A los pocos días del golpe, una patrulla castrense va a su casa y roba -“porque eso fue lo que hicieron”, dice Blest en sus memorias- gran cantidad de libros y material impreso, quemando un trabajo de una década que el dirigente iba a publicar con sus reflexiones y experiencias. Por única vez en la vida se siente humillado desde lo más íntimo, ya que implora para que los militares no prendan fuego a su trabajo, pero no le hacen caso. Esa experiencia lo marca profundamente. Desde ese momento entiende que la mano viene dura contra el mundo laboral y decide el camino más difícil: luchar por la paz.

Con su propia experiencia como ejemplo, opta por una constante dinámica de servicio al prójimo, especialmente hacia los más necesitados, hacia los que se sienten más expuestos en ese duro momento de la historia. Si bien cumple labores como líder político, luchador social y dirigente sindical, Blest desarrolla esencialmente un testimonio tipo Gandhi o Martin Luther King.

Su dinámica de la “no violencia activa” llega a calar hondo en la lucha frente a la dictadura y son varios los partidos políticos -los mismos que en los años 60 optan por sacarlo de las dirigencias sindicales- lo que siguen su predicamento, especialmente desde el comienzo de las protestas sociales el año 1983.

La humildad es la marca que caracteriza su liderazgo. Y el pacifismo su mejor lenguaje. Nunca olvida que cuando es niño y un profesor le pregunta por qué sus zapatos estaban rotos él debe responder: “Porque soy pobre, señor”.

Texto elaborado por Cultura y Tendencias en http://www.culturaytendencias.cl/2018/05/01/clotario-blest-la-marca-de-un-sindicalista-que-nunca-olvido-sus-origenes/