De la “picardía” del Protocolo de Kyoto a las fragilidades del Acuerdo de París: la temperatura climática puede llegar a 3,9ºC. Entrevista con Roberto Schaeffer (IHU/Adital)

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15 Julho 2016

“Fue una gran lucha para llegar hasta el acuerdo de París, en 2015, y finalmente, por la primera vez, todos los países, desenvueltos o en desenvolvimiento, se pusieron de acuerdo en hacer alguna cosa. Sin embargo, aunque ese haya sido un gran avance, todavía no es suficiente para llegar a una temperatura bien por debajo de los 2ºC, advierte el investigador.

A pesar de la COP-21 haber representado avances en la elaboración de un acuerdo entre los países que participan de la Conferencia del Clima, la Contribución Nacionalmente Determinada Pretendida – INDC, las conocidas metas nacionales anunciadas por cada uno de los miembros este año, no serán suficientes para garantir que la temperatura del clima se mantenga en 2ºC.

Si “los países se limitaran a hacer aquello con lo que ellos se comprometieron, de manera alguna estaremos caminando para un mundo con temperaturas debajo de 2ºC; muy por el contrario, dependiendo de la probabilidad de acierto que se debería de tener, a groso modo, las INDCs llevarían al mundo a temperaturas, al final del siglo, variando entre 2,9ºC y 3,9ºC, o sean una temperatura más alta de lo que era la temperatura media del planeta en la era pre industrial”, dice Roberto Sxhaeffer a IHU On-Line.

En la entrevista a continuación concedida por teléfono, Schaeffer comenta las metas nacionales de países como China, India, Brasil, Unión Europea y Estados Unidos y señala que algunas, a ejemplo de la china, son muy vagas y poco contribuirán para solucionar el problema de las emisiones de gases de efecto estufa. “Lo que llama la atención en el caso de China es que ella no tiene meta absoluta, pero se está proponiendo a llegar a un pico de emisión en 2030, pero eso no significa nada. Si desde ahora hasta 2030 China aumentar sus emisiones en 10 veces, y a partir de 2031, las emisiones comenzaren a caer 1%, China cumplió su meta y eso no sirvió para nada, porque el país no paró de aumentar sus emisiones. Como la meta china llegará a un pico en 2030 no dice lo que sucederá en 2031, o sea, va a llegar a un pico en 2030 y ¿continuará en ese nivel por los próximos 10 mil años?, se pregunta.

En su evaluación, Brasil, entre los miembros de la Conferencia del Clima, es el país que presentó la meta más “honesta”, pero a partir de ese momento, puntúa, todos los países precisan “detallar mejor” como sus metas serán alcanzadas: “¿será por la eficiencia energética en el sector de transportes o a través de más fuentes de energía renovables o más o menos desforestación?”

Frente a los desafíos, Roberto Schaeffer hace una evaluación positiva y señala que el Acuerdo de París, a pesar de “frágil”, es un avance en relación al Protocolo de Kyoto, que “jamás iría funcionar.” Schaeffer recuerda que “buena parte del cumplimiento del Protocolo de Kyoto por la Unión Europea y por el propio Japón” fue posible porque ellos transfirieron “parte de sus industrias para los países que no estaban en el acuerdo,
de manera que Japón emitía menos porque pasó a importar más productos de China, que emitía más para hacer productos para Japón. Entonces, no es verdad que el Protocolo de Kyoto y que los países del Anexo I cumplían sus metas de reducción de emisión, porque ellos simplemente transfirieron sus emisiones para otros países que no tenían compromiso.”

Roberto Schaeffer es doctor en Política Energética por la University of Pensylvania y actualmente alecciona Economía de la Energía en la Universidad Federal de Río de Janeiro – UFRJ, y actúa en el Programa de Planificación Energética de la COPPE. Fue miembro del Panel Metodológico en Líneas de Base y Monitoreo del Mecanismo de Desarrollo Limpio de las Naciones Unidas (UNFCCC CDM-Meth Panel) desde su creación en 2002 hasta 2011. Desde 1998 es miembro del Panel Intergubernamental de Cambios de Clima (IPCC) de las Naciones Unidas.

La entrevista es de Patricia Fachin | Traducción de Juan Luis Hermida.

Lea aquí parte de la entrevista.

IHU On-Line – ¿Cuál es el problema que identifica, en general, con las metas nacionales [Contribución Nacional Determinada Pretendida – INDC, en su sigla en inglés] de los países que participaron de la COP-21? ¿Cuáles son las evidencias de que las metas nacionales asumidas en la COP-21 no serán suficientes para garantir una elevación de la temperatura media de la Tierra en menos de 2ºC?

Roberto Schaeffer - La dificultad está en la propia estructura de las INDCs, o sea, en la manera como ellas fueron pensadas, porque son metas voluntarias que los países anunciaron. Dado que hubo una libertad total en cómo los países podrían decidir acerca de sus metas, cada uno eligió una manera para realizarlas. Por ejemplo, la meta de los chinos está estrechamente vinculada a lograr un pico de emisión de CO2 hasta 2030 y comenzar a reducirla a partir de esa fecha. Entonces, esa meta no es fácilmente traducible en el sentido de que sabemos o evidenciamos que tipo de ambiciones ella representa en la medida que no proporciona informaciones sobre cuál será el tamaño de ese pico.

En el caso de India, las metas eran muy relacionadas a una reducción de la intensidad de carbono de la economía, lo que significa que a partir de 2020 y 2030, cada dólar del PBI de India, por ejemplo, emitirá menos carbono, pero no se habla como el PBI de India se comportará; por lo tanto, esa meta también no significa mucha cosa. O sea, con eso India está apenas diciendo que va a continuar aumentado sus emisiones, pero será más eficiente en la manera con que su economía usará la energía. Por lo tanto, esa es una de las grandes dificultades de las INDCs. Al mismo tiempo, ese fue el acuerdo posible en aquel momento de la COP-21.

A partir de las definiciones de las metas de los países, yo y otros investigadores comenzamos a hacer algunos estudios y a preguntarnos lo que las INDCs significarían en términos de aumento de la temperatura del planeta hasta el final del siglo. En el paper reciente que publicamos en la Nature, mostramos que si de hecho, los países se limitaren a hacer aquello con lo que se comprometieron, de manera alguna estaremos caminando para un mundo con temperaturas por debajo de 2ºC; muy por el contrario, dependiendo del acierto que se debería de tener, a groso modo, las INDCs llevarían al mundo a temperaturas, al final del siglo, variando entre 2,9ªC y 3,9ºC, o sea, una temperatura más alta de lo que era la temperatura media del planeta en la era pre industrial.

A pesar de eso el Acuerdo de París fue importante porque fue la primera vez en la historia en que todos los países pasaron a tener metas de reducción de la emisión, situación bastante diferente de aquella en que se trató del Protocolo de Kyoto, en 1997. En aquel momento, por ejemplo, algunos países pasaron a tener un compromiso, pero, por otro lado, se optó por dividir el mundo entre países desenvueltos y en desenvolvimiento, en donde los así dichos países desenvueltos – llamados “Países Anexo I” – tenían un compromiso de reducción de emisión, y los países en desenvolvimiento, como Brasil, India y China, no tenían compromiso alguno. Fue una gran lucha para llegar hasta el acuerdo de París, en 2015, y finalmente, por la primera vez, todos los países, desenvueltos o en desenvolvimiento, ponerse de acuerdo en hacer alguna cosa.

Sin embargo, aunque ese haya sido un gran avance, todavía no es suficiente para llegar a una temperatura bien por debajo de los 2ºC. Ahora estamos entrando en un nuevo ciclo, en el cual ya a partir de 2018 se tendría una nueva primera rodada de negociaciones, con intervalos no superiores a cinco años, en que los países tendrán que anunciar nuevas metas, las cuales deberán ser siempre más ambiciosas de que las metas anteriores. Probablemente si eso se lleva a serio, espero que los países puedan converger e ir en dirección a un mundo con temperaturas por debajo de los 2ºC. Pero en este momento, las INDCs en sí y el Acuerdo de París no fueron suficientes para que lleguemos allí.

IHU On-Line - ¿De todas maneras, fue un avance pasar de un acuerdo centralizado, como el de Kyoto, para un tipo de acuerdo en que cada país tenga autonomía para decidir con cuáles metas pueden comprometerse?

Roberto Schaeffer – si mi evaluación es muy positiva. El Protocolo de Kyoto jamás iría a funcionar, porque, dado que el problema de las emisiones es mundial, de nada sirve la Unión Europea o Japón, o quien sea, tener una meta de reducción si otros países no la tienen, y fue eso lo que pasó con Kyoto. Una buena parte del cumplimiento del Protocolo de Kyoto por la Unión Europea y por el propio Japón se dio porque ellos transfirieron parte de sus industrias para los países que no estaban en el acuerdo; de esa manera, Japón emitía menos porque pasó a importar más productos de China, que emitía más para poder hacer productos para el Japón. Entonces, no es verdad que el Protocolo de Kyoto y que los países del Anexo I cumplieron sus metas de reducción de emisión, porque ellos simplemente transfirieron sus emisiones para otros países que no tenían ese compromiso. Ese modelo que hoy divide el mundo entre aquellos que tienen compromiso y los que no tienen jamás va a funcionar, porque los que tienen compromiso empujan sus emisiones para los que no tienen y parece que así todo está bien, pero no está.

En este sentido el Acuerdo de París es más inteligente, porque puso en “el mismo lugar” a todos los países. Entonces, a partir de ahora todos tienen la obligación de reducir sus emisiones. No que no hizo es, y tal vez no tendría como hacerlo en este momento, fue llegar a un compromiso igual para todo el mundo, pero eso es imposible dado que los países son diferentes. Es como si jugáramos a que yo pretendo que soy muy gordo y usted que es muy delgada, y si hablamos que cada uno tiene que adelgazar 10 kilos, no tiene sentido. De la misma manera, estamos hablando de países muy ricos y muy pobres, países con muchos recursos naturales y otros con pocos de esos recursos, países con mucha población y otros poco poblados, países de clima caliente y de clima frio, o sea, son tantas las diferencias que no hay como llegar a una métrica común.

Si no fuera posible llegar a un acuerdo todavía más osado, lo que probablemente sucederá – y ya se discute en los bastidores – es que a pesar del Acuerdo de París comportar todos los países de la Convención del Clima – cerca de 195 – en el fondo no son más de que nueve o diez países o diez grupos de países que realmente son importantes en esta negociación. Esto es quien realmente es importante en esta historia no son los 195 países, sino Unión Europea, Estados Unidos, Japón, India, China, Brasil, Méjico, África del Sur y Canadá. Si en algún momento los 195 países no llegaran a metas que permitan que la temperatura permanezca en 2ºC, probablemente algunos de esos que mencioné irán a tomar una decisión acerca de lo que se debe de hacer, porque no hace ninguna diferencia si Zimbabwe o si Paraguay reducen sus emisiones; quien hace diferencia son los grandes, que, en principio, están motivados o interesados en resolver ese problema.

Reducción de emisiones en los sectores de aviación y navegación

El propio Acuerdo de París tiene una fragilidad en el sentido de que irá a entrar en vigor en 2020, pero todavía estamos en 2016, y no hay por qué no comenzar a hacer alguna cosa antes. Además de eso, el Acuerdo de París no incluye todos los sectores de la economía. Hay algunos sectores que históricamente, no hacen parte de las “contabilidades mundiales de las emisiones.” Solamente para citar un ejemplo, las emisiones de los sectores de aviación internacional y de navegación internacional, que no son pequeñas, no hacen parte de la responsabilidad de ningún país del mundo. ¿Las emisiones de un vuelo que sale de Río de Janeiro para París pertenecen al Brasil o a Francia? ¿Y si ese vuelo para en Miami, las emisiones también pertenecen a los Estados Unidos? Lo mismo sucede con la navegación: ¿si un barco sale del puerto de Santos, y va para Miami, y después para Róterdam y después para Shanghái, como se asigna la emisión de ese barco? ¿Ella será un poco china, brasilera y americana? ¿O la contabilidad en el caso de los barcos, debe ser hecha por toneladas de los productos que los barcos transportan y desembarcan en el puerto A, B o C?

A pesar de que las emisiones de estos sectores no hacen parte de país ninguno, son sectores relativamente organizados. Entonces la organización de la navegación mundial ya está pensando, en cuanto organización internacional, a comenzar a autoimponerse metas de reducción de emisión. Lo mismo ocurre con el sector de aviación internacional. Todavía que las emisiones del avión que va desde Río de Janeiro a París no sea ni brasilera ni francesa, hay órganos internacionales que fiscalizan y regulan el sector de aviación internacional, por eso nada impediría que un sector como ese dijese que tiene como meta, a cada año, reducir las emisiones en 5%, 10%, o 20%.

Las reuniones de la Convención del Clima, por ejemplo, son reuniones de los gobiernos federales de los países, pero muchas de esas acciones no pertenecen exactamente a los gobiernos federales. Por ejemplo, hay la llamada C-40, que es una organización que congrega las 40 mayores ciudades del mundo. Entonces se los alcaldes de las 40 mayores ciudades del mundo dijeran que a partir de ahora es preciso crear un programa muy inteligente de transporte público, limitar el uso del los automóviles y tasar el carbono, esas medidas podrían ser implantadas, porque están un poco más allá de los gobiernos federales. Con ese tipo de discusión, sería posible crear gobiernos “supranacionales”, que también podrían envolverse en ese esfuerzo y comenzar a desarrollar acciones que también llevarían a la reducción de las emisiones, sobre las cuales los gobiernos federales no tienen tanto control.

En los bastidores ese tipo de propuesta comienza a surgir. Por eso no soy pesimista, me parece que vamos a llegar allí; tal vez lleguemos muy tarde, pero nos estamos moviendo en la dirección correcta. Hay mucha política por detrás de esas negociaciones, entonces, quien nunca se envolvió en proceso político, no entiende como las negociaciones no andan rápido. En ese sentido, el Acuerdo de París no podría haber sido más ambicioso, porque se así fuera, no habría permitido que 195 países estuvieran de acuerdo en algo.

• La entrevista completa, en portugués, puede ser leída a continuación

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De la “picardía” del Protocolo de Kyoto a las fragilidades del Acuerdo de París: la temperatura climática puede llegar a 3,9ºC. Entrevista con Roberto Schaeffer (IHU/Adital) - Instituto Humanitas Unisinos - IHU